Apasionante. Nos pasamos los primeros años de la digitalización masiva -es decir, de la copia masiva a cero coste- hablando de que toda cultura era un "remix" y que negar -vía copyright- el acceso al pasado negaba el futuro. Y tuvimos cosas tan maravillosas como el movimiento de liberación de Mickey Mouse. En el cine se dice que la película se escribe dos veces, una en el guión y otra en la sala de montaje. Era Carlos Pumares es el que solía explicar pleno de escepticismo que eso de "una película de..." -y mencionar al director como autor, eso que nos dejó la Nouvelle Vague como colmo de la concepción francesa del arte- era una falsedad, pues las películas las hace mucha gente. Sé de directores españoles que no podrían salvar su rodaje si no fuera por su montador. El montador no es autor según la legislación vigente. Ergo: el prejuicio que señalas, existe. Y no superado. Y en la literatura... es que casi no cabe en nuestra mente. Y, sin embargo, de siempre ha sucedido con la traducción, un ejercicio donde a pesar de todos los intentos al traductor no se le concede el osado valor de considerarlo un nuevo autor: pues, mal que pese, es otro libro. El traducido. Al final, si esto ocurre es por la noción de "autor" y de "obra original". Cuesta mucho aceptar que renunciemos al ego. Pero nos enseñaban en la escuela que Homero lo único que hacía era reunir poemas que pasaban de voz en voz.
Muchas gracia Gonzalo, no puedo más que suscribir lo que dices. He leído en algún sitio que la duración de los derechos de autor se han ido extendiendo a medida que iban a caducar los de Micky Mouse, que efectivamente sigue atrapado en ellos. No conocía los comentarios del ínclito Pumares, pero me encantan.
La cuestión de fondo que señalas, el ego, el concepto de autor, originalidad... tiene unas implicaciones en como nos percibimos a nosotros mismos y lo que hacemos.
Apasionante. Nos pasamos los primeros años de la digitalización masiva -es decir, de la copia masiva a cero coste- hablando de que toda cultura era un "remix" y que negar -vía copyright- el acceso al pasado negaba el futuro. Y tuvimos cosas tan maravillosas como el movimiento de liberación de Mickey Mouse. En el cine se dice que la película se escribe dos veces, una en el guión y otra en la sala de montaje. Era Carlos Pumares es el que solía explicar pleno de escepticismo que eso de "una película de..." -y mencionar al director como autor, eso que nos dejó la Nouvelle Vague como colmo de la concepción francesa del arte- era una falsedad, pues las películas las hace mucha gente. Sé de directores españoles que no podrían salvar su rodaje si no fuera por su montador. El montador no es autor según la legislación vigente. Ergo: el prejuicio que señalas, existe. Y no superado. Y en la literatura... es que casi no cabe en nuestra mente. Y, sin embargo, de siempre ha sucedido con la traducción, un ejercicio donde a pesar de todos los intentos al traductor no se le concede el osado valor de considerarlo un nuevo autor: pues, mal que pese, es otro libro. El traducido. Al final, si esto ocurre es por la noción de "autor" y de "obra original". Cuesta mucho aceptar que renunciemos al ego. Pero nos enseñaban en la escuela que Homero lo único que hacía era reunir poemas que pasaban de voz en voz.
Muchas gracia Gonzalo, no puedo más que suscribir lo que dices. He leído en algún sitio que la duración de los derechos de autor se han ido extendiendo a medida que iban a caducar los de Micky Mouse, que efectivamente sigue atrapado en ellos. No conocía los comentarios del ínclito Pumares, pero me encantan.
La cuestión de fondo que señalas, el ego, el concepto de autor, originalidad... tiene unas implicaciones en como nos percibimos a nosotros mismos y lo que hacemos.
Mil gracias por tu comentario,
¡Un abrazo!